Una mirada que resuelve
- Mario Curuchet

- 23 jul
- 5 min de lectura
Solemos mirar demasiado el problema y descuidar la solución.
Qué mirás cuando tenés un problema?
A qué prestás atención cuando algo no sale como vos necesitás que salga?
Por Mario Curuchet
Tres palabras que cambian cómo miras tus problemas
Si sos una persona que quiere mejorar la forma de mirar tus asuntos, o ampliar la perspectiva desde donde uno se plantea los problemas, te comparto tres distinciones que pueden ampliar la mirada: el problema, la situación y la solución.
A veces las soluciones no están dentro de los problemas.
A veces las soluciones no están en la misma dirección que los problemas
A veces las soluciones no pertenecen a las mismas categorías que los problemas.
Muchas veces hay que dejar de mirar el problema y enfocarnos en la solución.

En donde más nos confundimos
Empecemos por lo que no se puede ignorar. En Coaching Ontológico llamamos “quiebre”. Un tipo de quiebres son: situaciones difíciles, desafiantes, inesperadas, que nos afectan directamente o a través de un ser querido. Situaciones que juzgamos que no deberían pasar, o que reducen posibilidades en algún aspecto de nuestra vida.
Eso que vivimos así, de esa manera, es la situación. Es la consecuencia visible del problema, no el problema en sí. Solemos confundirlos: operamos sobre el efecto —tratamos de calmarlo, resolverlo, que desaparezca— y no conectamos con soluciones duraderas. Nos frustra ver que, un tiempo después, la misma situación vuelve a aparecer, quizás con otro nombre.
La situación (el efecto del problema) trae consigo una emoción de contracción: la sensación de que esto no debería estar pasando, de que "yo no debería estar viviendo esto". Disgusto, tristeza, enojo, incertidumbre. Mientras estamos ahí en la situación, el problema real permanece invisible. Por eso, cuando intentamos resolverlo desde ese lugar, no vemos soluciones con fuerza.
Obs: primero miremos la situación como efecto, quizás más adelante, podamos ver que los efectos pueden ser causas de nuevos desafíos, pero eso en una otra etapa.
Dos clases de problemas
Me interesa distinguir dos tipos de problemas, porque no todos siguen la misma dinámica.
Los que no dependen de nosotros. El Derecho Romano distinguía el casus (el caso fortuito, lo que no se puede prever) de la vis maior (la fuerza mayor, lo que no se puede resistir aunque se prevea). Uso esta distinción como decorativa, como metáfora, no como definición técnica: hay situaciones —una enfermedad, una pérdida, un accidente— que no nacen de nuestra forma de ser en el mundo. Ahí la tarea no es "resolver" en el sentido de corregir algo en nosotros, sino atravesar, sostener, y muchas veces, pedir ayuda.
Los que sí tienen relación con nuestra manera de ser en el mundo. Estos nacen de nuestras incompletudes, de desarrollos que todavía no encaramos, de límites en ciertas habilidades. Y quiero ser cuidadoso con esto: no significa que la mayoría de lo que nos pasa sea "culpa nuestra", ni que estemos generando activamente nuestros propios problemas. Significa algo más simple y más útil: que en esta categoría particular de problemas, sí tenemos margen de acción. Y eso, lejos de ser una carga, es una buena noticia — ahí donde hay margen, hay también posibilidad de transformación.
Cuando el problema es de este segundo tipo, cada instancia es una invitación a crecer en algún aspecto de la vida.
Por ejemplo: alguien que posterga una y otra vez una conversación difícil con su pareja
La persona suele decir: tengo el problema que postergo una converzación con mi pareja.
Postergar la relación no es el problema, es la situación, o el efecto del problema.
Quizás el problema están en que evades tomar desiciones o que suele costarte reclamar lo que es tuyo, o te es difícil poner límites, o algo relacionado con tu automerecimiento.
Explique bien la idea se separar: problema de situación?
Dicho esto, ninguna de las dos categorías es sencilla de transitar. Requiere gestión emocional, valentía, tiempo y muchas veces acompañamiento. Tan pronto notamos que estamos en un estado de ánimo de resistencia —el juicio de que "esto no debería ser así"— vale la pena darnos el tiempo de gestionarlo. No en todos los casos ese proceso termina en un "esto fue bueno para mí" — a veces simplemente termina en aprender a convivir con lo que pasó. Ambas cosas son un crecimiento válido.
Una mirada que resuelve.
Las soluciones pertenecen a otra categoría
Para mí, el punto central: la solución a muchos problemas relacionados con nuestra forma de estar en el mundo, no está en el problema mismo, sino en otro lugar. Una mirada que resuelve.
El problema muchas veces es una forma de ver la vida, un hábito, un juicio sobre nosotros o los demás, un estado emocional recurrente, un estado corporal instalado — entonces esos mismos elementos, dándoles el lugar y el tiempo necesarios, son también la solución:
Otra forma de ver esa misma situación.
Otros hábitos o costumbres.
Otros juicios sobre nosotros, los demás y el mundo.
Otros estados emocionales.
Otros estados corporales.
En definitiva, la solución es parte de nosotros mismos — la parte que todavía no somos. Por eso, frente a esta categoría de problemas, la salida no es corregir el síntoma sino crecer, aprender y emprender algo nuevo: nuevas formas de ver, nuevas relaciones, y cuando hace falta, ayuda externa.
Para llevarlo a la práctica
Si querés empezar a aplicar esta mirada a algo que se repite en tu vida, estos son algunos pasos concretos:
Nombrá el efecto primero, sin apurarte a resolverlo. Date el espacio de sentir la molestia, la tristeza o el enojo que trae, sin negarlo ni actuar todavía.
Preguntate si es un problema de circunstancia o de forma de ser. ¿Esto depende de algo que puedo cambiar en mí, o es algo que simplemente tengo que atravesar?
Si es de manera de ser, buscá el patrón detrás del evento puntual. No la charla pendiente, sino por ejemplo: el hábito de evitar. No el conflicto de esta semana, sino el juicio que se repite en distintos vínculos.
Elegí un solo elemento para trabajar: un hábito, un juicio, o un estado emocional. No hace falta cambiar todo a la vez.
Y si no podés solo, pedí ayuda. Buscar acompañamiento no es un fracaso de la autogestión — es parte de ella. No nos salvamos solos
Quiero regalarte esta forma de mirar tus problemas recurrentes a través de estas tres distinciones: problema, situación, y solución. Ojalá te sirva para encarar tus propios asuntos con más claridad, asumiendo la responsabilidad que te corresponde a vos con esperanza.
Mario Curuchet · Círculos de Práctica · CEAT
CEAT - Centro de Aprendizaje para la Transformación www.mariocuruchet.com



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