Cómo los pequeños reproches hacen el daño que ninguna exigencia ajena logra.
- Mario Curuchet

- 10 abr
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 21 abr
Una reflexión sobre el lenguaje interno y la violencia silenciosa que ejercemos sobre nosotros mismos
Por Mario Curuchet
Hoy, mientras manejaba, pensé algo que no pude dejar pasar. Pensé en la diferencia entre lo que otros nos exigen y lo que nos exigimos a nosotros mismos. Y me di cuenta de algo: las grandes exigencias externas pueden rebotar. Los pequeños reproches internos, en cambio, se quedan.
Podemos soportar que alguien nos haga un reclamo fuerte. Lo procesamos, a veces lo rechazamos, a veces nos enojamos. Pero quizas seguimos. Los reproches pequeños que nos hacemos a nosotros mismos —esos que casi no se perciben— funcionan de otra manera. Son como el pájaro carpintero: no hace un agujero de un solo golpe, pero con paciencia y constancia termina atravesando la madera más dura.
“No es el golpe lo que desgasta. Es el picoteo.”
El lenguaje como acción
Desde el Coaching Ontológico, entendemos que el lenguaje no describe la realidad: la produce. Nuestras conversaciones internas no son comentarios inocentes sobre quiénes somos. Son actos. Tienen consecuencias. Generan cosas.
Cuando nos decimos “qué tonto”, “nunca aprendo”, “cómo pude hacer eso” —aunque sea en voz bajita, aunque sea de pasada— esas palabras construyen algo. No lo construyen de un día para el otro. Pero cada vez que se repiten, van configurando nuestra manera de ser, la forma en que nos tratamos a nosotros mismos y, por extensión, la forma en que tratamos a los demás.
La autoexigencia como autoflagelamiento
A veces somos muy violentos con nosotros mismos sin saberlo. No de un golpe. Apenas un poquito, pero todos los días. Y cuando aparece la oportunidad, de nuevo. La autoexigencia —esa que solemos celebrar como virtud— puede ser una de esas formas de daño persistente. Pequeñas heridas cotidianas que, juntas, hacen algo que ninguna exigencia externa logra: cambian la manera en que nos vemos.
Lo peligroso de estos reproches es justamente que no se perciben con claridad. No suenan como violencia. Suenan como responsabilidad, como autocrítica sana, como “querer mejorar”. Por eso cuelan. Por eso duran. Por eso hay que prestarles atención.
¿Qué producen tus conversaciones internas?
El lenguaje interno puede producir dos cosas: más de lo mismo, o algo nuevo. La pregunta que vale hacerse no es “¿tengo razón en reprocharme esto?” sino “¿qué está construyendo este reproche en mí?”
Si la respuesta es que te deja más pequeño, más temeroso, más duro contigo mismo —entonces no importa si tenías razón. Ese reproche te está haciendo daño.
Hoy, apenas notes un reproche hacia ti mismo, pausá un segundo. No para ignorarlo, sino para observarlo. Preguntate: ¿qué está construyendo esto en mí? ¿Me acerca a quien quiero ser, o me aleja?
Reflexión sobre Coaching Ontológico · El lenguaje generativo y la conversación interna



Comentarios