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El niño interior en la vida adulta

11 sept
3 min de lectura

Pertenencia y autenticidad

Las personas, en todo nuestro actuar, respondemos a dos dinámicas que nos mueven con fuerza hacia la satisfacción de dos necesidades básicas: la pertenencia y la autenticidad.

La pertenencia es la cercanía y la proximidad a grupos, con el propósito de que nos protejan, nos cuiden, nos nutran, para así desarrollarnos. La primera pertenencia es con nuestra familia, con nuestros cuidadores. De los mamíferos, el bebé humano es el más indefenso: interiormente sabemos que sin la pertenencia a nuestra familia no sobreviviríamos. Aquí hablamos de una necesidad biológica indispensable para la supervivencia.

Por otro lado, nos sentimos atraídos a desarrollar nuestra autenticidad: a crecer, a ser y a expresarnos como vamos siendo en el mundo. Lo auténtico es aquella coherencia que logramos desarrollar internamente, eso que nos hace únicos en la manera de estar y ser en el mundo. Es una necesidad de expresar nuestro ser interno y de ser vistos por lo que somos.


Pertenencia y autenticidad. El debate interno que traemos desde la niñez a la vida adulta.

Pertenecemos a muchos mundos

Habitamos, al mismo tiempo, muchos espacios de pertenencia: la familia, el trabajo, los grupos de amigos, las comunidades a las que elegimos o a las que llegamos sin elegir del todo.

Cada uno de esos mundos nos exige, para sostenernos dentro de él, ciertas formas de ser y de comportarnos.

El costo de pertenecer

Cuando la necesidad de pertenecer y la de autenticidad entran en conflicto, instintivamente sacrificamos la autenticidad para cuidar la pertenencia. Muchas veces, cuidar la pertenencia implica renunciar a algo propio, a la autenticidad. Un ejemplo cotidiano: reprimo mi expresión en una reunión de trabajo porque priorizo la pertenencia; hago lo que me piden sin cuestionar, no pido lo que necesito, porque cuido la pertenencia. Quiero seguir en el grupo. Entonces, suprimir mi autenticidad o mi crecimiento se convierte en una necesidad de supervivencia: gracias al apego, a la necesidad de pertenecer, me aseguro de sobrevivir, permaneciendo.


El niño interior en la vida adulta.

Llamamos aquí "niño interior" a esa consciencia personal —sutil en todo ser humano— que cuida el pertenecer al sistema del que forma parte. Así lo aprendimos desde muy chicos. No importa a qué pertenezca, ni si eso le hace bien o mal: naturalmente esa instancia cuida la pertenencia porque sabe, de manera profunda y anterior a cualquier razonamiento, que así sobrevive mejor. Pero esto fue necesariamente así cuando éramos indefensos frente a la vida y necesitábamos a nuestros cuidadores, a nuestros padres, para poder sobrevivir.


La lógica del adulto

Aquí debería ser distinto: la necesidad que más nos conecta con la felicidad, la salud, la armonía y el propósito de nuestras vidas es la autenticidad. Pero, ¿qué pasa si llegamos a esta edad y seguimos sosteniendo la estrategia de cuidar la pertenencia sacrificando la autenticidad?

Algunas preguntas: ¿Callaste alguna vez algo que querías decir? ¿Tuviste que hacer algo con lo que no estabas de acuerdo? ¿Dijiste que sí cuando en realidad querías decir que no? ¿Reprimiste un enojo que necesitabas expresar? ¿Tuviste que ser amable sin quererlo?

Si te pasó esto, es que quizás todavía estés cuidando la pertenencia como lo hacíamos de niños — porque en la infancia fue una estrategia muy inteligente para ese contexto. Hoy, como adultos, tenemos más recursos y podemos equilibrar y satisfacer ambas necesidades.

Cuando sacrifico mi autenticidad por cuidar la pertenencia, esa lógica suena, hacia adentro, más o menos así:

…voy a hacer exactamente como ellos quieren que sea, porque si no van a rechazarme y no voy a sobrevivir.…mejor no digo nada, así no arriesgo el lugar que tengo acá.…si me muestro como soy, quizás dejen de quererme.

Qué hacemos con esto?

Esto no es bueno ni malo, no es indiferencia ética. Es una decisión metodológica: alejar al lector del pensamiento dicotómico. No juzgamos éticamente la naturaleza profunda del ser humano; la miramos, la respetamos y la incorporamos a nuestro saber para estar mejor en la vida.

Autenticidad y pertenencia quedan así en tensión: cuidar el vínculo con los mundos a los que pertenecemos puede requerir silenciar partes genuinas de quiénes somos. Este apunte no resuelve el dilema — lo nombra y lo deja abierto para el desarrollo que sigue en la formación.



Mario Curuchet · Escuela de Coaching Ontológico

CEAT - Centro de Aprendizaje para la Transformación www.mariocuruchet.com

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